
El prado era amplio y verde.
Pero alguien decidió hacerlo seguro.
Pusieron estacas. Luego cuerdas. Luego carteles.
No pises aquí. No corras allí. No bebas de ese lado.
Las crías obedecieron. Al principio por cuidado. Luego por costumbre.
Un día, una cría tuvo sed.
Miró el agua. Miró el cartel. El cartel decía que no.
La cría no bebió.
Esperó a que le dijeran cuándo. Nadie vino.
El agua siguió allí.
Las crías aprendieron que la sed también podía estar equivocada.
Con los años, el prado siguió verde. Nadie lo recorrió. Las estacas se oxidaron. Los carteles siguieron en pie.
Moraleja:
Quien marca cada paso
enseña que el cuerpo
no es de fiar.
