
La gallina vigilaba a sus polluelos desde que amanecía.
El campo era amplio y el cielo demasiado grande.
Primero trazó un límite con el pico.
Luego apiló ramas.
Después levantó un muro, para estar tranquila.
Los polluelos crecieron juntos,
a salvo del viento,
a salvo del ruido.
No aprendieron a correr.
Ni a esconderse.
Ni a mirar más allá de la sombra del muro.
Cuando el zorro llegó,
no lo vieron.
El muro seguía en pie.
Dentro,
nadie sabía qué hacer
con el mundo.
El hambre hizo el resto.
Moraleja:
El muro siempre sigue en pie.
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