
Las aves volaban en perfecta formación.
Nadie miraba atrás.
Mirar atrás rompía la línea.
Cuando una cayó, la formación siguió.
La línea no se rompió.
El suelo quedó abajo.
La bandada llegó entera.
Menos una.
Nadie lo contó.
Moraleja:
La obediencia
no siempre es virtud.
A veces es el nombre que le damos
al miedo de mirar atrás.
¿Qué se quedó contigo? Después de leer →
