El Pájaro Sin Canto

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El Pájaro Sin Canto — fábula de Santiago Copí

El pájaro cantaba distinto. No más alto. No más bajo. Solo distinto.

Al principio, corrigieron el ritmo. Luego la nota. Después la intención.

—Así no se canta —le dijeron—. Escucha primero.

El pájaro escuchó. Repitió. Ajustó. Probó de nuevo.

—Casi —dijeron—. Falta poco.

Cantó cada mañana. Más contenido. Más breve. Los otros pájaros afinaban juntos. Era más fácil así. Más limpio.

Un día, el pájaro se detuvo a mitad del canto. Esperó una señal. Una corrección. Un gesto. Nada.

Volvió a intentarlo al día siguiente. Cantó como le habían enseñado. Nadie lo notó.

El coro siguió. Perfecto. Impecable.

El pájaro calló. No por tristeza. Por aprendizaje.

El bosque sonó igual. Durante un tiempo, nadie echó nada en falta. Luego, algunos recordaron que antes había algo que no sabían nombrar.

Lo que no se puede nombrar no se puede reclamar.

El canto seguía. Y eso bastaba.


Moraleja:
La uniformidad no grita.
Por eso cuesta oír lo que falta.
Y lo que no se oye
termina siendo lo que nunca existió.

¿Qué se quedó contigo? Después de leer →

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