Capítulo 6 — La niña

EL EDIFICIO · ARCO I · REF. SCP-2026-01EN — The Girl ↗
Libreta infantil abierta en el suelo con un edificio dibujado a lápiz y el nombre Hugo repetido en cada planta. EL EDIFICIO, serie web de Santiago Copí.

Capítulo 6 — La niña

EL EDIFICIO · CAPÍTULO 6 · LECTURA ESTIMADA: 6 MINUTOS


Hugo la encontró en el rellano del segundo.

Una niña. Siete u ocho años. Sentada en el suelo con la espalda contra la pared y las rodillas recogidas. Un cuaderno sobre las rodillas y un lápiz en la mano que no estaba usando porque estaba hablando.

Con nadie.

O con alguien que Hugo no veía.

—Pero eso ya lo sé —decía la niña, con el tono levemente irritado de quien lleva rato explicando algo que el otro no termina de entender—. Lo que no sé es por qué tiene que ser así.

Hugo se detuvo.

—Dice que sí —dijo—. Que siempre ha sido así.

Pausa. Escuchaba.

—No me parece una buena razón —dijo.

Hugo miró hacia donde miraba la niña. Pared. Nada más.

—¿Hola?

La niña lo miró entonces. Sin sobresalto. Con la expresión de alguien a quien interrumpen en medio de una conversación y espera cortésmente a que el otro termine.

—Hola —dijo.

—Hola. —Hugo miró el espacio vacío. Luego a la niña—. ¿Con quién hablas?

Ella señaló hacia su derecha.

—Con él.

—No veo a nadie.

—Ya. —Volvió a mirar hacia el espacio—. Dice que eso es normal. Que a los adultos les cuesta más.

Hugo bajó un poco hasta quedar a su altura.

—¿Cómo te llamas?

—Clara.

—¿Cómo se llama él?

Clara frunció el ceño. Escuchó.

—Dice que tú ya sabes cómo se llama.

—No lo sé.

Clara lo miró con la paciencia de alguien que lleva un rato en una conversación más complicada de lo que esperaba.

—Dice que sí. Que vivís en el mismo sitio.

—¿En el edificio?

—En el piso —dijo Clara—. Dice que es tu piso pero que también es el suyo. Que llevan mucho tiempo compartiendo.

Hugo no dijo nada.

—¿Qué más dice?

Clara escuchó.

—Que sabes lo del formulario.

Hugo no respiró.

—¿Qué sabe él del formulario?

—Todo —dijo Clara, como si fuera obvio—. Dice que él también recibió uno. Hace mucho tiempo. —Pausa—. Dice que él sí firmó.

—¿Por qué me cuenta esto a mí? —preguntó Hugo—. ¿Por qué a través de ti?

—Dice que porque yo todavía lo veo. Que los adultos dejan de ver cuando empiezan a no oír.

Hugo pensó en la silla. En las noches sin ruido. En Naia diciéndole que la silla no había dejado de sonar.

—¿Cómo es? —preguntó.

Clara lo consideró.

—Normal —dijo—. Como tú. Pero más cansado.

—¿Cómo se llama? —preguntó otra vez—. Necesito saberlo.

Clara escuchó. Esta vez más tiempo.

—Dice que se llama Hugo.

El pasillo no cambió. La luz siguió igual. El olor siguió igual. Todo exactamente igual.

—Hugo —repitió.

—Sí. —Clara siguió dibujando—. Igual que tú. Dice que eso no es una coincidencia. Que en el edificio los nombres se repiten porque las personas se repiten. Que él fue el primero. Que tú eres el siguiente.

—¿El siguiente qué?

—El siguiente en decidir —dijo.

—¿Decidir qué?

—Si firmas o no.

Pausa.

—Dice que si firmas él puede descansar por fin.

—¿Y si no firmo?

—Que si no firmas —dijo Clara despacio— el edificio busca a otro Hugo.

Silencio.

—Y que eso ya ha pasado antes.


La puerta del segundo B se abrió.

Un hombre en el umbral. Sesenta y tantos. Pelo blanco. Los ojos de alguien que ha visto demasiado y ha decidido que ya no merece la pena fingir que no.

Miró a Clara. Luego al espacio a su derecha. Luego a Hugo.

No con sorpresa. Con el reconocimiento de alguien que lleva tiempo esperando este momento exacto.

—Ya ha encontrado al otro —dijo.

No era una pregunta. Era una confirmación.

—¿Quién es usted? —preguntó Hugo.

—Damián.

—¿Quién es el otro?

Damián lo miró.

—El que firmó antes que tú.

Pausa.

—El que lleva aquí desde el principio.

Clara siguió dibujando en el cuaderno. Sin levantar la vista.

Hugo miró el dibujo.

Un edificio. Con todas sus plantas. Y en cada planta, una figura. Todas iguales. Todas con el mismo nombre escrito debajo.

Hugo se agachó. Lo leyó.

Su nombre.

En cada planta.

Desde la primera hasta la última.

Siempre el mismo.

Como si el edificio llevara repitiendo la misma persona desde antes de que Hugo existiera.

Y fuera a seguir repitiéndola mucho después.

El siguiente capítulo ya está escrito.

Pero no lo has leído.

Aún.

© 2026 Santiago Copí
Horror burocrático · Ficción serializada
@santiagocopi
ISBN 9798233659300
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