Capítulo 12 — La calma

EL EDIFICIO · ARCO II · REF. SCP-2026-01EN — The Calm ↗
Pasillo oscuro de edificio residencial con puertas idénticas y luz tenue al fondo. EL EDIFICIO.

Capítulo 12 — La calma

EL EDIFICIO · CAPÍTULO 12 · LECTURA ESTIMADA: 6 MINUTOS


El edificio entró en silencio el lunes.

No de golpe.

Como entra el frío: sin un momento exacto, sin que nadie pueda señalar el instante en que empezó. Solo que en algún punto uno se da cuenta de que lleva rato con frío y no sabe desde cuándo.

Hugo lo notó en el ascensor.

La señora del tercero A. Sesenta años, pelo recogido, siempre con una bolsa del supermercado en la mano derecha. Siempre un gesto de reconocimiento. Una ligera inclinación de cabeza. Cuatro meses de coincidencias en el ascensor habían construido entre ellos el tipo de familiaridad que no tiene nombre pero que existe.

El lunes, la señora del tercero A lo miró sin verlo.

No con hostilidad. Sin ella. Como si su presencia no registrara.

Hugo pensó que estaría distraída.

El martes ocurrió lo mismo.

Y el miércoles.


Fue a los buzones.

Su nombre estaba. Su letra. El papel algo amarillo por el tiempo pero intacto. Hugo Martínez. 3B. Exactamente como lo había escrito él el primer día, con el rotulador permanente que seguía en el cajón de la cocina.

El buzón número doce.

Abrió el doce. Vacío, como casi siempre.

Cerró el doce.

Miró el panel de la pared. Impreso. Plastificado. La lista de residentes, la misma que llevaba meses en el vestíbulo. La recorrió con el dedo. 1A. 1B. 2A. 2B. 3A. La línea del 3B estaba en blanco. No tachada. No borrada. En blanco, como si nunca se hubiera rellenado. Encima del buzón, en su propia letra: Hugo Martínez.

El hombre del primero B pasó por detrás sin decir nada. No era raro. Casi nunca hablaban. Pero antes, si se cruzaban, el hombre desviaba la mirada con el tipo de incomodidad de quien ha ignorado un saludo que debía haber dado. Ahora no hubo esa incomodidad. No hubo nada. El hombre pasó como si el espacio donde estaba Hugo estuviera vacío.

Hugo se quedó en el vestíbulo después de que el hombre desapareciera escaleras arriba.

Miró el espejo que había sobre los buzones.

Se vio en él.

Estaba ahí. Definido. Con el mismo abrigo que llevaba todas las mañanas, los mismos zapatos, la misma forma de estar de pie con el peso ligeramente desplazado hacia la derecha.

Estaba ahí, pero el edificio ya no lo registraba de la misma manera.


Llamó a la puerta de Damián.

Tres golpes. Silencio. Tres golpes más. Silencio.

Lo había hecho todos los días esa semana. Nunca respuesta.

No el tipo de silencio de alguien que no está en casa. El tipo de silencio de alguien que ha decidido no contestar, o que lleva tanto tiempo sin contestar que la decisión ya no es necesaria.

Hugo apoyó la frente en la puerta.

La madera estaba fría.

Desde dentro, nada.

Bajó al primer piso.

En la panadería de la esquina, la dependienta le preguntó si podía atender al siguiente. Mirándolo directamente.

Hugo respondió que era él el siguiente.

La dependienta dudó. Miró a su alrededor.

Luego lo miró a él, como si acabara de notarlo.

—Perdona. No te había visto.

No lo dijo como una disculpa. Lo dijo como un hecho.


De vuelta en casa, Hugo se sentó en el suelo del salón con la espalda contra el sofá.

Pensó en Naia.

No en su cara. La cara seguía sin venir. Pero en el abrigo, en el olor de algo que ya no estaba pero que había estado, en el gesto de las dos manos alrededor de la taza.

Pensó en el otro Hugo. En la risa que había escuchado desde el pasillo. En lo descansado que parecía.

Pensó en cuánto tiempo le quedaba antes de que los vecinos dejaran de verlo del todo.

Puso la mano en la pared.

La pared estaba tibia.

No como estaba siempre. No la temperatura ambiente de una pared interior. Tibia como algo que genera calor desde dentro.

Hugo retiró la mano.

Volvió a ponerla.

Sí.

Calor.

Desde dentro de la pared.

No quitó la mano.

El calor no era uniforme. Variaba. Muy despacio. No como un latido, nada tan regular. Como algo que respira con una pausa larga entre cada respiración.

Hugo miró la pared.

Luego fue a preparar la cena.

El siguiente capítulo ya está escrito.

Pero no lo has leído.

Aún.

© 2026 Santiago Copí
Horror burocrático · Ficción serializada
@santiagocopi
ISBN 9798233659300
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